He de reconocer que cuando salí de la escuela no tenía ni idea de lo que era una retícula, tenía la cabeza llena de pájaros y el portafolio vacío de talento. Por fortuna, no era mala época para empezar y no me costó mucho encontrar mi primer empleo serio como diseñador. También por fortuna alguien me enseñó lo que debía saber de diseño y no me habían contado en la escuela. Mataron todos mis pájaros de un tiro e hicieron que me aprendiera de memoria el libro que es la base de este post.
Josef Müller-Brockmann
Sistemas de retículas
Editado por Gustavo Gili
Hoy voy a contaros los pasos a seguir para la realización de una retícula y, como ejemplo, la vamos a realizar en un libro de ensayos.
¿Qué es y para qué sirve una retícula?
La retícula divide una superficie en filas y columnas generando en las intersecciones de estas una serie de campos. La altura de los campos corresponde a un número determinado de líneas de texto y su anchura es la misma que la de las columnas. Las retículas sirven para resolver problemas visuales ordenando los elementos según criterios objetivos y funcionales.
Ahora que ya sabemos lo que es una retícula, vamos a la formulación del encargo. El cliente necesita un libro para publicar una serie de ensayos de diferentes autores que puedan ir ilustrados. Ese es todo el briefing. ¿Os suena familiar?
Lo primero será definir el formato del libro. Al ser un libro primordialmente literario, me inclino por un tamaño reducido que se pueda manejar con una mano. Se imprimirá en pliegos de 70×100 cm, así que opto por un tamaño de 16,8 x 24 cm, que aprovecha al máximo la superficie del pliego sin malgastar papel. Este formato podrá variar levemente en la fase de diseño, pero ya tenemos una base sobre la que trabajar.
Es la hora de definir los márgenes de nuestra página. Puede parecer que elegir los márgenes es algo arbitrario y que depende del buen ojo del diseñador, y en ocasiones así lo es, pero analizar el contenido de la publicación te puede dar pistas de cómo tienen que ser. Dejando de lado las proporciones mecánicas, orgánicas y musicales que propone Robert Bringhurst en su libro “Los elementos del estilo tipográfico” (gran libro que también os recomiendo), vamos a escoger una proporción clásica: márgenes superior y exterior 1, margen interior 1,5 y margen inferior 3.
Elegir la anchura de columna no es solo cuestión de diseño o de formato, también lo es de legibilidad. Un texto debe leerse con facilidad; lograr esto depende del tamaño de tipo usado, de la longitud de las líneas y del interlineado. Según Josef Müller-Brockmann, es aconsejable que los textos tengan entre 7 y 10 palabras por línea, personalmente creo que podemos alargar un poco más las lineas, sobretodo en libros literarios.
En nuestro proyecto vamos a optar por utilizar una retícula de 4 columnas dejando una libre para notas y pies de foto, utilizando las 3 restantes para una única columna de texto. Esto nos ayudará a conseguir el objetivo de tener entre 7 y 10 palabras por línea sin tener que recurrir a un tamaño de letra excesivo, ni a un diseño de texto en varias columnas por página.
Elegir el interlineado correcto también es esencial porque, al igual que el ancho de columna, afecta a la legibilidad de los textos. Una interlínea demasiado cerrada perjudica la velocidad de lectura y cansa al lector ya que las líneas de texto se entrecruzan en el campo óptico. Lo mismo pasa con una interlínea excesiva: al lector le cuesta vincular una línea con la siguiente, lo que provoca que el cansancio llegue antes y que la comprensión de lo leído no sea efectiva. Es un error muy común pensar que una amplia interlínea ayuda al lector; es muy habitual ver libros con interlíneas excesivas como para conseguir más blanco en página, pero es un error.
Ahora vamos a dividir la mancha de texto en 8 filas; las intersecciones de las 8 filas con las 4 columnas nos darán un total de 32 campos. Ahora bien, para que la retícula esté perfectamente hecha la separación de las filas tiene que estar relacionada con la interlínea del texto. En estas calles de separación de las filas debe caber una línea de texto y las filas deben coincidir al comienzo y al final con líneas de texto. Esto se debe realizar así para que al colocar fotografías y textos en los campos estos queden siempre alineados.
Teniendo los márgenes definidos y la interlínea, lo primero que haremos es ver cuantas líneas de texto caben en nuestra mancha tipográfica. Hay que conseguir que el número de líneas menos el número de calles sea divisible por el número de campos (ej: 47 líneas – 7 calles = 40 : 8 campos = 5 líneas por campo). Ahora solo hay que medir la distancia que hay entre la base de la línea 5 con la ascendente de la línea 7 para obtener la medida de la calle de separación entre las filas de división de la mancha. Ahora, si se quiere, se puede ajustar también la medida de las calles verticales para que sean iguales que las horizontales.
Para conseguir que todo cuadre a la perfección muchas veces es conveniente jugar con la interlínea, el tamaño de la tipo, los márgenes e incluso el formato del libro para lograr un equilibrio perfecto entre lo estético y lo funcional.
En una retícula perfecta no es solo el texto principal el que se alinea con las ilustraciones, sino también los pies, los destacados, los títulos y los subtítulos. Y lo mejor de todo, también deberían quedar alineados todos estos elementos entre sí.
Ya tenemos lista nuestra retícula. Ahora solo falta darle vida volcando el contenido y rezar para que le guste al cliente. En caso contrario, os queda el consuelo de que al menos el trabajo está bien hecho.
Ahora que ya sabéis hacer una retícula, o al menos en qué consiste, os recomiendo que lo pongáis en práctica en todos vuestros diseños y, con el tiempo y la experiencia, en determinados casos os saltaréis pasos que consideréis innecesarios y agilizaréis mucho el proceso.
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